Cuando terminé de estudiar la secundaria, tuve la necesidad de empezar a trabajar. Después de algunos años, inicié la preparatoria nocturna, curiosamente en el Colegio de Bachilleres del Estado de Sonora, donde actualmente laboro. Posteriormente, continué la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Sonora, a la vez que trabajaba. Esta carrera incluye en su currícula, algunas materias de didáctica de la literatura, enfocando a sus alumnos al trabajo de maestros. Lo cierto es que también se enfoca a otros campos, como es la de promotor cultural, corrector de estilo, etc., pero yo siempre tuve la inquietud de volver a mis aulas queridas, recuerdo que en algún momento a algún compañero o quizá a algún maestro de la prepa, le prometí volver y cuando terminé en la universidad, un amigo de la misma licenciatura que ya trabajaba en el COBACH, me dijo que estaba la posibilidad de trabajar dando clase de Taller de Lectura y Redacción, estoy hablando de 1989, y me decidí, presenté el examen de oposición por 32 horas y me aceptaron. Me vi en la necesidad de solicitar una licencia en donde yo trabajaba y recuerdo que alguno de mis jefes me dijo: Esperanza, no la vas hacer como maestra, te ríes muy fácilmente. Curiosamente eso me ha ayudado muchísimo, porque como maestra de 22 años de servicio que soy, nunca llego a mis grupos con un gesto de enojo, siempre voy son una sonrisa, esperado ser bien recibida por los jóvenes, pues creo que es ser maestra es un verdadero privilegio, pues nosotros también estamos aprendiendo cotidianamente de los jóvenes. El ser maestro me ha dado grandes beneficios y satisfacciones, desde tener el placer de compartir algo tan valioso como es el conocimiento de la lengua y el placer por la lectura, hasta desfrutar de la frescura de los jóvenes y darnos cuenta que ojos vemos, corazones no sabemos, quiero decir que cada uno de ellos tiene su propio mundo y que sustantivo es darles la mano amiga cuando lo necesitan o lo solicitan. Por otro lado, como en todo, hay cosas que no me tienen satisfecha, que a veces quisiera que el tiempo volara y poderme jubilar ya, (me faltan 6 años), pues hay detalles en la administración que nos golpean, como puede ser la ineptitud de los inmediatamente superiores, que con sus decisiones, nos perjudican, desde batallar para que me den horas semestre tras semestre, el horario que en ocasiones también en un verdadero desastre o a veces, porque no, un sufrimiento. Otro aspecto es el calor, que no existen buenas condiciones de trabajo, en ocasiones tenemos hasta 55 alumnos por grupo, no existen pupitres suficientes y los jóvenes se sientan en el suelo, etc. Sin olvidarme y es de gran importancia, que durante más de 18 años, la institución no impartía ni se preocupaba por formar a los maestros, con cursos, etc. En fin, ni vale la pena.
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Hola, Esperanza.
ResponderEliminarBastante elocuente tu historia, pienso que muchas veces las condiciones que mencionas, tales como el sobrecupo, la falta de material adecuado y las condiciones administrativas, son una carga demasiado pesada. Cómo podemos dar una educación de calidad bajo estas condiciones; sin embargo, el entusiasmo que muestras y las ganas de sobresalir en tu profesión te hacen ser el ejemplo de muchos.
felicidades por tu blog.
Esperanza:
ResponderEliminarMe da gusto saludate y a la vez te admiro por tu perseverancia en esta labor, creo que los niños especiales son angeles que dios pone en la tierra.
Hasta pronto: Magdalena plantel 30